El alcantarillado, punto de partida para la depuración y reutilización de las aguas

Con el contexto de emergencia climática en el que nos encontramos, pronto veremos un incremento de los fenómenos meteorológicos extremos. Esta situación conllevará necesariamente una significativa reducción de nuestros recursos hídricos, y por este motivo parece urgente empezar a adaptarnos y buscar nuevas fuentes para poder disponer de agua de calidad.

Debido a ello, impulsar alternativas tales como la reutilización del agua deberían ser una prioridad urgente e inaplazable. Sin embargo, en la isla de Ibiza nos encontramos con un sinfín de trabas para poder llevar a cabo esta reutilización, la cual no solo impulsaría nuestro diezmado sector agrícola, sino que también ayudaría a la recuperación de los acuíferos.

Merece la pena recordar que antes de llegar a las estaciones depuradoras, el agua residual se vierte en el alcantarillado municipal y que es precisamente aquí donde aparecen los primeros problemas que imposibilitan su reutilización. El agua que alcanza el sistema de saneamiento no es únicamente agua procedente de los hogares, si no que diferentes usuarios vierten aguas con gran cantidad de aceites y materia orgánica (tales como aguas residuales de sectores industriales, talleres u hostelería). Y ello pese a que está regulado que no todas las aguas se pueden verter al alcantarillado ya que hay diferentes usos para los cuales estas deben pasar una depuración previa. Actualmente, se calcula que más de un 80% de las aguas vertidas al alcantarillado en Ibiza supera los límites legales en carga de contaminantes. Lógicamente, estos malos usos de la red de alcantarillado dificultan su correcta depuración.

Por otro lado, el mantenimiento de la red de alcantarillado es, como mínimo, insuficiente. Esto ocasiona que se produzcan fisuras y roturas en la misma red, sobre la cual tampoco se hace un control efectivo. Estas deficiencias en la red tienen una doble problemática: por un lado, en los municipios costeros el agua salada entra a la red de alcantarillado por las fisuras y saliniza el agua residual (más de un 70% de las aguas residuales presenta una salinidad por encima del límite legal, así inutilizándolas para uso agrícola), por otro, este es un foco de contaminación de nuestras aguas subterráneas. En ocasiones, estas roturas no son detectadas hasta pasado mucho tiempo; por lo que esta se convierte en una contaminación crónica absolutamente insostenible.

Además, la red separativa de aguas pluviales es anecdótica en la isla de Ibiza, lo cual propicia que la red de alcantarillado en los episodios de gota fría no pueda albergar el caudal al que se ve sometido y reviente, ocurriendo episodios bien conocidos por la ciudadanía: Calles anegadas en aguas mixtas con restos fecales y vertidos directos al mar de estas mismas aguas. Además, la lluvia aumenta el caudal de agua que alcanza las estaciones depuradoras, las cuales tampoco se encuentran dimensionadas para poder tratarlo y nuevamente, estas aguas son vertidas al mar. Ejemplo de esta problemática son los vertidos tras fuertes lluvias en Platja d’en Bossa, en el Parque Natural de ses Salines o los aliviaderos de la bahía de Sant Antoni.

Solo después de sortear todos estos obstáculos, el agua alcanza finalmente las estaciones depuradoras con más problemas derivados: aguas con altísima cantidad de materia orgánica e inorgánica, aguas con salinidades tales que dificultan su depuración, y caudales tan elevados que las depuradoras, directamente, no pueden albergar. Además, algunas de las depuradoras de la isla de Ibiza no se encuentran dimensionadas correctamente, son infraestructuras obsoletas, o directamente, no pueden realizar una correcta depuración al no poseer los medios adecuados. Por todo ello, el agua que sale de estas depuradoras es un agua mal depurada, salada, y por lo tanto, vertida al mar deficientemente tratada, con el impacto que ello conlleva a nuestros ecosistemas litorales.

Y frente todo esto: ¿Qué se puede hacer?

La Alianza por el Agua, mediante su Pacto por el Agua en 2019, plasmó todos estos problemas; este Pacto se desarrolló con la finalidad de alcanzar un compromiso de todos los partidos políticos para implementar medidas encaminadas a solucionar estos problemas.

En primer lugar, se han de redactar planes directores de alcantarillado, como ya se comprometieron los partidos políticos en nuestro Pacto por el Agua. Estos planes deberán incluir las mejoras en la red de alcantarillado y poner todas las herramientas disponibles para reparar toda la red en mal estado. Únicamente con una mejora de la red de alcantarillado, se reduciría la salinidad del agua que alcanza las depuradoras (facilitando su depuración y posterior reutilización) y, además, se evitaría la contaminación de las aguas subterráneas.

Por otro lado, se deben incrementar los controles en los vertidos en el alcantarillado municipal de las industrias y desaladoras privadas. De esta manera, se reducirían las cantidades de materia orgánica, aceites y salinidad de las aguas residuales que dificultan una correcta depuración.

Asimismo, se debe impulsar la ejecución de las infraestructuras de separación de pluviales, que reducirían el caudal en los eventos de gota fría que colapsan el alcantarillado y las depuradoras.

Por último, insistir en que, sin un alcantarillado en buen estado, de nada sirve tener grandes infraestructuras para la reutilización de las aguas, tales como la balsa de Sa Rota, que lleva más de dos décadas inutilizada. Se debe invertir en la mejora de las depuradoras obsoletas, mal dimensionadas o con un mal mantenimiento, pero estas mejoras necesariamente deben de ir de la mano de una mejora en la red de alcantarillado. Entre ellas, el talón de Aquiles de la depuración en Ibiza: la depuradora de Sa Coma.

Es un hecho que la reutilización de las aguas residuales dejará pronto de ser una opción para pasar a ser una necesidad, y por eso, hay que poner en marcha ya el engranaje necesario para estar preparados.

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